Seducciones Teleclub

2003
Capturas de la instalación

Presentada por la Galería Vegueta en Arco de 2003, Néstor Torrens invita al espectador a participar en la ensoñación que le deparan estos periodistas que han sido integrados en un teleclub pornográfico. Ahora ustedes pueden combinar el deseo que sienten por estos presentadores con imágenes pornográficas al uso sin necesidad de renunciar a su presencia cotidiana e íntima. Estos seres inteligentes, sonrientes, simpáticos se presentan ante nosotros con una serie de señoritas exuberantes que, al igual que muñecos para nuestro disfrute, están siempre dispuestos a estimular nuestras fantasías y perversiones más ocultas.

La obra de Néstor Torrens nos habla de los mecanismos de representación y construcción de la imagen en la sociedad mediática. Del éxtasis de la comunicación donde todas las noticias son obscenas, visibles, explícitas. De las estrategias de seducción de las cadena televisivas como la CNN +, con cobertura informativa las 24 horas del día, que ha transformado el periodismo mostrando al mundo entero noticias que acaban de suceder. Al final parecen borrarse las fronteras perceptivas entre el mundo virtual y el mundo real. La sociedad del espectáculo invade hasta las noticias más trágicas que son contadas con indolencia por auténticos profesionales del periodismo y que habitualmente se despiden con una sonrisa lasciva.

La expresión de odio, la venganza, la desesperación, la angustia, los abusos de poder, el terror y la muerte, la hipocresía política, la hoguera de las vanidades, el desprecio por el ser humano y toda esa larga serie de noticias que se han convertido en música de fondo no parece tener otro objetivo que elevar las cotas de audiencia. La espectacularidad de una imagen es sinónimo del incremento de la atención. El mundo como espectáculo alienta nuestros temores y nos reconocemos impotentes ante todo ello. Sólo nos tranquiliza la cara intencionadamente amable de los presentadores que van narrando atrocidad tras atrocidad, vergüenza tras vergüenza sin el más mínimo pudor. Se nos muestra de forma explícita la más profunda intimidad del ser humano con la proximidad de una cámara pornográfica colocada cada vez más cerca de la obscenidad. Podemos reconocer numerosos puntos de confluencia con los directores de películas pornográficas. Donde la pornografía es verdaderamente eficaz es en el bloqueo de la imaginación. Ésta no se fundamenta en la exposición de partes anatómicas del cuerpo más o menos íntimas, sino en la difusión del grado de humillación o crueldad a la que puede llegar el ser humano por dinero. La belleza mancillada, la ingenuidad rota. Seres presionados por el miedo, el poder o la riqueza. No podemos alcanzarlos y son capaces de desarmarnos en la intimidad de sus imágenes. Nos envilecemos al desear hacer lo mismo y participar en la ignominia, especialmente los hombres, que ya conocen lo afrodisíaco que resulta el dinero y el poder sobre los demás, placer que siempre nos deja insatisfechos.

Exposiciones públicas de la degeneración del ser humano expuestas por rostros indolentes y sonrientes siempre dispuestos a proporcionarnos las imágenes más grotescas para que podamos así medir nuestra propia capacidad de aguante, que ya sabemos es mucha, hecho que deseamos conocer por si alguna vez nos toca participar del espectáculo. Lo cierto es que el mundo en general no es así ni se le parece lo más mínimo. En la vida cotidiana el ser humano remueve también sentimientos profundos de amistad, afecto. Las amenazas reales no son sólo las expuestas en los medios de comunicación sino otras que interesa menos mostrar porque detrás existen intereses económicos y políticos muy grandes. ¡Cuántos temores fictícios se crean en torno a nosotros para, con ellos, justificar nuevas guerras! La contaminación del mundo, la tala masiva de árboles, la desaparición de las especies, la desertización, el calentamiento del planeta, etc. no son noticias que eleven las tasas de audiencia a menos que lleguen a extremos que puedan asustarnos en un momento determinado e irreversible. La música rítmica, trepidante y obstinada que acompaña las imágenes de Seducciones teleclub hace referencia a ese engranaje, a esa maquinaria que subyace tras las caras insinuantemente amables de los presentadores, de las presentadoras y de las putas. En una pantalla, colocada en el centro, dos hombres semidesnudos en su imagen y en su entorno, tranquilos, maduros, duermen felizmente apoyando uno la cabeza sobre el otro. Lo cotidiano parece ser la excepción. Mostrar gente corriente, la ternura o el placer de entrar en contacto con otras personas no elevaría el índice de audiencia ni nos incitaría a adquirir un vídeo.

La referencia del mundo que tenemos por los informativos es tan pobre, parcial y manipuladora a través de la seducción que ya ha dejado de cumplir su verdadera función informativa para haberse convertido en una vía de alimentación de nuestra adrenalina, en un divertimento emocionante, en una montaña rusa de sensaciones fuertes. Han conseguido crear la necesidad de estar “informados” para poder entrar en las conversaciones sobre las “noticias” del día y encender el televisor para satisfacer nuestra dosis diaria de miedo, contadas por los guapos y guapas que tanto deseamos.

 

Cabecera de Instalaciones

Galería Vegueta, Arco 2003.

6 monitores de TV y 16 DVD